Hard fork vs. soft fork
Un hard fork cambia las reglas de una blockchain de forma incompatible con el software anterior; un soft fork las endurece sin romper la compatibilidad.
Un hard fork es un cambio en las reglas de una blockchain que no es compatible con las versiones anteriores del software de esa red, mientras que un soft fork introduce reglas más estrictas que los nodos antiguos todavía pueden validar sin necesidad de actualizarse.
En un soft fork, la red se mantiene unida: los nodos que no actualizan su software siguen reconociendo como válidos los bloques nuevos, porque las reglas nuevas son un subconjunto más restrictivo de las anteriores. En un hard fork, en cambio, los nodos que no actualizan dejan de estar de acuerdo con los que sí lo hicieron sobre cuál es la cadena válida — si una parte suficiente de la red se queda con el software viejo, el resultado son dos cadenas que comparten el mismo historial hasta el momento de la bifurcación y luego siguen caminos separados, cada una con su propio token. Bitcoin y Bitcoin Cash, o Ethereum y Ethereum Classic, son ejemplos de hard forks que terminaron en dos activos distintos.
Esto importa al intercambiar criptomonedas porque un hard fork puede duplicar de la noche a la mañana lo que era una sola moneda en dos activos con nombre, ticker y valor de mercado propios — y no todas las billeteras ni todos los exchanges listan el activo nuevo de inmediato, aunque técnicamente cualquier persona que tuviera fondos en la cadena original antes de la bifurcación también los tenga en la nueva. La clave privada que controlaba esos fondos antes del fork sigue controlando la misma cantidad en ambas cadenas después, porque el hard fork copia el historial completo hasta ese punto — pero mover esos fondos en la cadena nueva exige que la billetera que se use entienda explícitamente esa red, no solo la original.
En Zest, cada activo disponible para intercambiar corresponde a una red concreta ya confirmada por el socio de intercambio, así que un hard fork no cambia nada del lado de una orden ya completada: lo recibido en la dirección indicada al momento de la operación sigue siendo válido en la cadena en la que se ejecutó ese intercambio. Lo que sí puede ocurrir es que, tiempo después de un fork, aparezca un activo nuevo derivado de una moneda que ya se intercambió antes — reclamar y mover ese activo depende enteramente de la billetera de destino, no de la operación de intercambio original.
Un error común es asumir que cualquier actualización de una blockchain es un hard fork. La mayoría de las mejoras de protocolo — incluidas varias de las más importantes en la historia de Bitcoin — se implementaron como soft forks precisamente para evitar dividir la red y no obligar a nadie a elegir entre dos cadenas. Guardar los fondos en una billetera que la persona controla directamente, en vez de dejarlos solo en un exchange, es lo que garantiza poder reclamar cualquier activo derivado de un fork futuro.