Clave pública / Dirección
La clave pública es el dato criptográfico del que se deriva una dirección de blockchain; la dirección es la versión que se comparte para recibir fondos.
Una dirección de blockchain es una cadena de caracteres derivada de una clave pública que sirve para recibir fondos, igual que un número de cuenta.
La clave pública se genera matemáticamente a partir de la clave privada, pero el proceso no se puede invertir: cualquiera puede ver la clave pública o la dirección derivada de ella sin que eso permita deducir la clave privada correspondiente. Por eso compartir una dirección para recibir fondos no supone ningún riesgo, a diferencia de compartir la clave privada. En la práctica, la mayoría de billeteras muestran directamente la dirección —una versión codificada y más corta de la clave pública— en vez de la clave pública completa, así que para uso cotidiano ambos términos suelen tratarse como equivalentes aunque técnicamente la dirección es un derivado de la clave pública, no la clave en sí.
Esta distinción importa al intercambiar criptomonedas porque toda la información que un servicio de intercambio necesita del destino de una operación es la dirección: nunca hace falta compartir una clave privada ni una frase semilla para recibir fondos, y cualquier formulario que la solicite para ese fin es una señal de fraude. También importa revisar que la dirección introducida corresponde a la red correcta, ya que direcciones con un formato similar pueden pertenecer a redes distintas, y una dirección válida en una red no necesariamente es interpretable en otra.
Por ejemplo, al completar un cambio de USDT a SOL en Zest, la persona usuaria pega la dirección de su billetera de Solana antes de confirmar la operación. Esa dirección es pública: puede aparecer en un explorador de bloques, compartirse con otra persona o guardarse sin cifrar, sin que eso ponga en riesgo los fondos ya recibidos en ella. Lo único que un tercero podría hacer con esa dirección es consultar el historial de movimientos asociado, no mover los fondos. Cuando la dirección de destino no es fácil de recordar o verificar carácter por carácter, herramientas como el comprobador de dominios ENS permiten confirmar a qué dirección subyacente apunta un nombre legible antes de enviar fondos, reduciendo el riesgo de copiar mal un carácter.
Verificar la dirección completa —no solo los primeros y últimos caracteres— antes de confirmar cualquier operación sigue siendo el paso más importante, porque una transacción confirmada hacia una dirección equivocada normalmente no se puede revertir.